Post publicado en el apartado CANAL NEGOCIOS de ABC Castilla y León el 17 de octubre de 2013
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Hace unas semanas el Real Madrid hizo oficial el fichaje del jugador galés Gareth Bale por casi 100 millones de euros. Como suele ser habitual en estos casos, la noticia desencadenó un torbellino de opiniones en los aficionados al fútbol. Entre los más contumaces, la controversia se desarrolló, como siempre, al hilo de razonamientos claramente escorados por el arrebato hacia unos u otros colores. Pero lo verdaderamente sorprendente fue que la operación Bale suscitó polémica incluso entre personas legas en cuestiones balompédicas. Tampoco faltaron al debate las voces de algún sobrevenido sanedrín de la ética y la deontología, por más que la transacción se ha llevado a cabo en condiciones de libre mercado y entre entidades absolutamente privadas. Pero, dejando a un lado esta interesante y divertida burbuja de veredictos populares sobre el Casus Bale (en versión Casus Belli), lo que en este espacio quisiéramos considerar es la valoración como negocio de un desembolso que supone aproximadamente el 20% del presupuesto anual de ingresos de una empresa. Vamos a ello.
Empecemos por reconocer que con los elementos de juicio disponibles, es imposible llegar a una conclusión sobre el retorno efectivo del negocio Bale. Lo que tal vez sí podamos y debamos hacer es un ejercicio de traslación al análisis hipotético que el Real Madrid llevó a cabo a la hora de enfrentar la decisión de inversión, posiblemente con ayuda de expertos en valoración ajenos al club. Y sin duda todo ello servirá para desmontar algunos aforismos aparecidos en publicaciones y medios en estas semanas:
•El primero de ellos es el calificativo de “inversión ruinosa” disperso en muchos blogs, editoriales y tertulias, construido sobre un sofisma tan tonto como el de refutar la viabilidad de cualquier negocio con dispendio elevado. Y es que nunca el desembolso inicial de una inversión determina su bondad; y ello, en el mundo del fútbol, en la industria o en los servicios, en España, en Japón o en Abu Dhabi.
•Lo que seguramente el Real Madrid habrá cuantificado asimismo es el binomio rentabilidad-riesgo de la transacción. Como obligan los más elementales principios de valoración de negocios. Y es que obviamente la inversión de 100 mill de euros en Gareth Bale no es comparable a su equivalente monetario en Bonos del Tesoro Alemán: éstos activos arrojan una rentabilidad (flujos) seguramente menor a la del jugador, si bien combinada con un riesgo prácticamente nulo. En términos futbolísticos, bien se podría decir que los bonos o letras del tesoro alemán no van a darnos ni muchos goles ni muchos títulos, pero no se lesionan casi nunca y su valor en el mercado es tan líquido como notable.
•No caben muchas dudas tampoco sobre el hecho de que el Real Madrid habrá efectuado una estimación de los flujos de caja que el jugador –como activo- puede proporcionar. Analizando y anualizando los ingresos (de todo tipo -merchandising, derechos de imagen, etc-) y los gastos (ficha, primas, salario en especie, etc) relacionados con el jugador. Y añadiendo a todo ello un estudio en detalle del correspondiente impacto fiscal para sus arcas.
•A mayor abundamiento, todo lo anterior se habrá evaluado considerando diferentes escenarios: no es lo mismo que el Real Madrid obtenga todos los títulos en los que está compitiendo o que se deje alguno por el camino, etc.
•En alguno de los escenarios también se habrá hecho una estimación de cuál es el valor residual del activo Gareth Bale dentro de tres o cuatro años, cuantificando el precio al que eventualmente podría traspasarse el jugador en el mercado.
Lo que ha hecho el Real Madrid en definitiva es lo que todo buen empresario o inversor hace siempre a la hora de evaluar una transacción, máxime si ésta puede representar un desembolso relevante. Para ello, partiendo de una situación determinada de una empresa y de su negocio.
1.Se plantean los flujos de caja futuros (positivos-negativos) a recibir por el negocio o activo.
2.Se establece un horizonte temporal (el más común es de cinco años) y se proyectan los flujos netos estimados.
3.Se determina cómo puede ser el valor residual del negocio/activo –si procede- al término del horizonte temporal considerado.
4.Se consideran diferentes escenarios (optimista, neutro y pesimista).
5.Se mide el riesgo asociado al negocio/activo que se pretende comprar.
6.Se analizan las alternativas de financiación.
7.Se descuentan a valor presente los flujos de fondos de los próximos años a una tasa que considere tanto el coste de la deuda como el coste de capital (tasa ponderada con el riesgo del negocio)
8.Con todo ello habremos determinado el rango de valor de la operación, y después…
solo queda negociar inteligentemente el mejor precio posible.
Así pues, no conocemos todos los datos, pero probablemente este proceso o alguno muy similar es el que ha abordado el Real Madrid a la hora de plantearse el fichaje de un jugador como Gareth Bale. Las charlas de sobremesa y sus simpáticos tribunales sumarísimos sobre casi cualquier cosa forman la parte de la sal de la vida, pero, desde luego, si están pensando en invertir en algo, desde ADVALOREM les aconsejamos que evalúen la operación de la forma aquí descrita. Y si no pueden o no llegan, déjense ayudar por expertos que lo hagan.
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sábado, 19 de octubre de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
Diez consejos útiles y prácticos para ganar dinero
Si usted tiene una empresa, es muy posible que valore en poco el que podamos sugerirle alternativas para que su negocio como tal vaya mejor. De hecho, planteadas 100 cuestiones acerca de la oportunidad de las actuaciones que está llevando a cabo su compañía, seguramente en el 80% de ellas usted tendría las respuestas adecuadas. Pero en el 20% restante creemos que le podríamos generar dudas al proponerle maneras adicionales de aumentar su beneficio y mejorar su posición financiera.
A título de ejemplo, le invitamos a hacerse las siguientes preguntas:
1. ¿Está usted amortizando a máximos fiscales? No hacerlo cuesta dinero. Pida que le calculen la diferencia de hacerlo de una u otra manera y que le informen por tanto de cuánto dinero puede ahorrarse.
2. ¿Está seguro de que está valorando bien, a efectos contables y a efectos fiscales, sus activos a largo plazo? ¿Tiene elaborados los “test de impairment” de su inmovilizado?. ¿Tiene una idea de cuánto se podría ahorrar en el pago de impuestos? Si lo hace le espera otra sorpresa positiva.
3. ¿En determinados ámbitos expertos se suele decir que las Existencias son “el fondo de maniobra” para resolver determinadas situaciones. No olvide que la valoración de este epígrafe del balance influye en el resultado y en la determinación de la carga fiscal. ¿Ha probado a simular con los diferentes métodos de valoración como quedarían en este año sus “magnitudes clave”? Pida que le hagan una simulación y le determinen el rango de posibilidades que se le ofrece. Quizá se extrañe al ver los resultados.
4. ¿Tiene establecido un sistema de “barridos” de sus posiciones financieras con los bancos? Es imprescindible para minimizar el pago de intereses por las deudas financieras. Cuando compruebe el ahorro que puede obtener no dudará en establecer el sistema.
5. ¿Tiene bien documentadas las transacciones de todo tipo (retribuciones, compras, ventas, préstamos, anticipos etc) entre la sociedad y sus accionistas? Pida que le elaboren un inventario detallado de todas sus posiciones personales con la empresa y asegúrese de que tiene elaborada la información oportuna. No cualquiera, la oportuna.
6. A la hora de pedir financiación, ¿tiene claro cuál es el camino crítico que decidirá si se la conceden o no? ¿Identifica bien el "driver" que le pude llevar a conseguir una nueva financiación o la refinanciación adecuada de sus posiciones? No es cierto que la banca no esté concediendo préstamos.
7. Como todos sabemos, las Necesidades Operativas de Fondos (clientes más existencias y menos proveedores) necesitan ser financiadas. Y por tanto tienen un coste financiero que la empresa paga inexcusablemente. ¿Ha probado a calcular cual es el coste de su circulante comercial neto? Pida que se lo calculen. Cuando le informen de lo que le cuesta al año le faltará tiempo para revisar si lo tiene minimizado al máximo posible. Sin duda.
8. No todas las empresas están en pérdidas. Ni todas las pérdidas son “de la misma calidad”. En todo caso, ¿tiene usted una idea de “cuánto valen” sus pérdidas? ¿Sabe qué hacer con ellas? ¿Le gustaría saberlo?
9. Si usted tiene, un hotel, una fábrica, una empresa de servicios, una explotación agrícola o ganadera… un negocio en definitiva, ¿tiene una idea, que pueda defender documentalmente ante un tercero, de cuál es su valor? ¿Tiene usted claro que para que le den financiación hoy en día es un documento fundamental? No se olvide que si está pensando en vender su empresa, de tener a no tener una valoración previa, puede haber miles, o cientos, o millones de euros de diferencia. Ni lo olvide ni lo dude.
10. ¿Ha probado a incorporar a su consejo de administración a alguna persona con experiencia dilatada en el ámbito de las finanzas empresariales? Puede encontrar de esta forma un complemento ideal a su expertise en el negocio. No se puede saber de todo.
Nuestra firma hace esas preguntas, y otras, a los clientes que han depositado su confianza en nosotros. No son un tratado de economía empresarial pero sí representan consejos prácticos para que un empresario y su empresa ganen dinero. De estos temas pueden estar seguros que sí sabemos en ADVALOREM.
A título de ejemplo, le invitamos a hacerse las siguientes preguntas:
1. ¿Está usted amortizando a máximos fiscales? No hacerlo cuesta dinero. Pida que le calculen la diferencia de hacerlo de una u otra manera y que le informen por tanto de cuánto dinero puede ahorrarse.
2. ¿Está seguro de que está valorando bien, a efectos contables y a efectos fiscales, sus activos a largo plazo? ¿Tiene elaborados los “test de impairment” de su inmovilizado?. ¿Tiene una idea de cuánto se podría ahorrar en el pago de impuestos? Si lo hace le espera otra sorpresa positiva.
3. ¿En determinados ámbitos expertos se suele decir que las Existencias son “el fondo de maniobra” para resolver determinadas situaciones. No olvide que la valoración de este epígrafe del balance influye en el resultado y en la determinación de la carga fiscal. ¿Ha probado a simular con los diferentes métodos de valoración como quedarían en este año sus “magnitudes clave”? Pida que le hagan una simulación y le determinen el rango de posibilidades que se le ofrece. Quizá se extrañe al ver los resultados.
4. ¿Tiene establecido un sistema de “barridos” de sus posiciones financieras con los bancos? Es imprescindible para minimizar el pago de intereses por las deudas financieras. Cuando compruebe el ahorro que puede obtener no dudará en establecer el sistema.
5. ¿Tiene bien documentadas las transacciones de todo tipo (retribuciones, compras, ventas, préstamos, anticipos etc) entre la sociedad y sus accionistas? Pida que le elaboren un inventario detallado de todas sus posiciones personales con la empresa y asegúrese de que tiene elaborada la información oportuna. No cualquiera, la oportuna.
6. A la hora de pedir financiación, ¿tiene claro cuál es el camino crítico que decidirá si se la conceden o no? ¿Identifica bien el "driver" que le pude llevar a conseguir una nueva financiación o la refinanciación adecuada de sus posiciones? No es cierto que la banca no esté concediendo préstamos.
7. Como todos sabemos, las Necesidades Operativas de Fondos (clientes más existencias y menos proveedores) necesitan ser financiadas. Y por tanto tienen un coste financiero que la empresa paga inexcusablemente. ¿Ha probado a calcular cual es el coste de su circulante comercial neto? Pida que se lo calculen. Cuando le informen de lo que le cuesta al año le faltará tiempo para revisar si lo tiene minimizado al máximo posible. Sin duda.
8. No todas las empresas están en pérdidas. Ni todas las pérdidas son “de la misma calidad”. En todo caso, ¿tiene usted una idea de “cuánto valen” sus pérdidas? ¿Sabe qué hacer con ellas? ¿Le gustaría saberlo?
9. Si usted tiene, un hotel, una fábrica, una empresa de servicios, una explotación agrícola o ganadera… un negocio en definitiva, ¿tiene una idea, que pueda defender documentalmente ante un tercero, de cuál es su valor? ¿Tiene usted claro que para que le den financiación hoy en día es un documento fundamental? No se olvide que si está pensando en vender su empresa, de tener a no tener una valoración previa, puede haber miles, o cientos, o millones de euros de diferencia. Ni lo olvide ni lo dude.
10. ¿Ha probado a incorporar a su consejo de administración a alguna persona con experiencia dilatada en el ámbito de las finanzas empresariales? Puede encontrar de esta forma un complemento ideal a su expertise en el negocio. No se puede saber de todo.
Nuestra firma hace esas preguntas, y otras, a los clientes que han depositado su confianza en nosotros. No son un tratado de economía empresarial pero sí representan consejos prácticos para que un empresario y su empresa ganen dinero. De estos temas pueden estar seguros que sí sabemos en ADVALOREM.
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lunes, 15 de abril de 2013
España supera a Alemania
España supera a Alemania en número de empresas registradas. De acuerdo con EUROSTAT (la oficina estadística de la Unión Europea) España tiene 377.591 empresas más que Alemania. Es posible que ustedes alberguen la duda de si el dato en sí mismo es un indicador bueno, malo o indiferente; o que incluso se pregunten la importancia que podría tener de cara a explicar el problema de desempleo que padece el estado español. Ni mucho menos este post pretende esclarecer todas las dudas, tan solo aspira a aportar algunos datos adicionales para que puedan establecer alguna comparación entre la realidad económica y empresarial de ambos territorios.
Alemania es el país con mayor población de la Unión Europea. Sus 81,8 millones de habitantes constituyen el 16,2% de la UE27. Su economía es aun más representativa en el conjunto, ya que su PIB alcanza el 21,1% del total. España, con 46,2 millones de habitantes que significan el 9,2% del total, es también uno de los países populosos de Europa. El PIB sin embargo, supone solo el 8,4% de la UE27. Ahora bien, ¿cómo es el entramado empresarial alemán y cómo compara con el español?:

•La densidad empresarial de España es más del doble de la alemana. Si en Alemania existen 256 empresas por cada 10.000 habitantes, en España el ratio es de 536.
•España tiene más Microempresas que Alemania y sin embargo en los siguientes escalones (pequeñas, medianas o grandes) es Alemania la que nos supera en número de empresas.
•Las empresas alemanas crean más empleo que las españolas. La empresa media española tiene 5 empleados y sin embargo la empresa media alemana tiene 12 empleados.
•Lo mismo ocurre en cuanto al valor agregado que generan las empresas de uno y otro país. La empresa media española genera un valor añadido de 200.000 euros mientras que la alemana nos supera en más de tres veces.
Se constata por tanto que sí existen diferencias entre el entramado empresarial español y el alemán. Por supuesto los países deben adaptarse a las realidades sociales y estructurales de cada uno de ellos. Pero no es menos cierto que, en economía al menos, siempre hay que observar lo que hace el líder y valorar el éxito o fracaso de sus actuaciones.
Alemania es el país con mayor población de la Unión Europea. Sus 81,8 millones de habitantes constituyen el 16,2% de la UE27. Su economía es aun más representativa en el conjunto, ya que su PIB alcanza el 21,1% del total. España, con 46,2 millones de habitantes que significan el 9,2% del total, es también uno de los países populosos de Europa. El PIB sin embargo, supone solo el 8,4% de la UE27. Ahora bien, ¿cómo es el entramado empresarial alemán y cómo compara con el español?:

Fuente: Elaborado por ADVALOREM a partir de datos publicados por EurostatDe la observación del cuadro anterior se desprende lo siguiente:
(1) Incluye datos de 2011 relativos a empresas del sector privado y no financiero.
(2) Población del pais al 1 de enero de 2012
(3) Microempresa incluye a las compañías que tienen entre 0 y 9 empleados; Pequeña empresa engloba a las que cuentan con entre 10 y 49 trabajadores; Mediana empresa, con plantilla en el tramo de 50 y 200 asalariados; Empresa Grande refiere a aquellas que emplean a más de 200 personas
•La densidad empresarial de España es más del doble de la alemana. Si en Alemania existen 256 empresas por cada 10.000 habitantes, en España el ratio es de 536.
•España tiene más Microempresas que Alemania y sin embargo en los siguientes escalones (pequeñas, medianas o grandes) es Alemania la que nos supera en número de empresas.
•Las empresas alemanas crean más empleo que las españolas. La empresa media española tiene 5 empleados y sin embargo la empresa media alemana tiene 12 empleados.
•Lo mismo ocurre en cuanto al valor agregado que generan las empresas de uno y otro país. La empresa media española genera un valor añadido de 200.000 euros mientras que la alemana nos supera en más de tres veces.
Se constata por tanto que sí existen diferencias entre el entramado empresarial español y el alemán. Por supuesto los países deben adaptarse a las realidades sociales y estructurales de cada uno de ellos. Pero no es menos cierto que, en economía al menos, siempre hay que observar lo que hace el líder y valorar el éxito o fracaso de sus actuaciones.
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Madrid
lunes, 1 de abril de 2013
¿Cuánto vale un negocio?
Es evidente que los propietarios de una empresa, más tarde o más temprano, deben interrogarse sobre cuál es el valor de su negocio. En muchas ocasiones, por razones relacionadas con la necesidad de evidenciar el valor de la compañía ante terceros: baste decir, que más del 80% de los estudios de valoración de empresas que efectuamos en ADVALOREM constituyen el argumento cardinal de negociación cuando iniciamos un proceso de:
-Venta a un tercero del total o de un porcentaje del negocio
Al enajenar una empresa, ya sea en su totalidad o de manera parcial, es obvio que el importe que se obtiene al vender –precio- responde a la ulterior negociación que se desarrolla entre comprador y vendedor; pero nuestra experiencia nos dice que en la confrontación de las respectivas posiciones, en la práctica las dos partes obedecemos muy mucho a la valoración previa. De ahí que en una desinversión de negocio cobra verdadera carta de naturaleza disponer de una horquilla de valor de empresa bien construida y argumentada (con sensibilidades y escenarios) que nos sirve de piedra angular de réplica ante cualquier argumento.
-Ampliación de capital
En la obtención de recursos propios (para hacer frente a nuevas inversiones o sencillamente para inyectar fondos que fortalezcan el patrimonio del negocio), el precio de entrada para los nuevos accionistas viene encuadrado dentro del valor que respectivamente empresario e inversores otorgan a la empresa afectada. De manera que en este tipo de transacciones, vuelve a ser crucial para las respectivas partes el hecho de contar con una valoración profesional y ajustada de las acciones o participaciones de la compañía.
-Fusión entre dos empresas
En caso de fusión entre compañías y junto con los detalles fiscales, el acuerdo de la ecuación de canje —correspondencia entre las acciones entregadas de cada empresa fusionada y las recibidas de las resultantes de la fusión— es absolutamente crítico, y responde siempre a las valoraciones que atribuimos a las empresas participantes en la fusión.
-Sucesión en empresas familiares
En los casos de transmisiones hereditarias en los que tenemos el mandato de distribuir el patrimonio de un empresario entre sus legatarios, siempre realizamos una valoración global de la compañía para lograr la igualdad económica entre las partes de la herencia y poder cuantificar adecuadamente lo percibido por cada cual.
Aparte de las razones expuestas, en ADVALOREM recibimos cada vez con mayor frecuencia encargos de valoración de negocio que no están estrictamente asociados a las razones anteriores. Y es que dentro de los nuevas prácticas de buena administración gerencial, va haciéndose habitual que un empresario cuantifique periódicamente el valor de su compañía. Básicamente por dos motivos genéricos. Uno, porque un informe de valoración completo le proporciona datos cruciales sobre su negocio, como la medición de la utilidad que le reportará en el futuro para tomar decisiones (seguir, no seguir, vender, alternativas de inversión, etc) en función de ella. Dos, porque la evolución que siga el valor de su empresa le informará del grado de acierto de la gestión de sus directivos o gerentes.
Algunos reconocidos gurús de la valoración, se atreven a afirmar (de forma ciertamente presuntuosa), que la valoración de empresas es una combinación de ciencia y arte. En ADVALOREM creemos que calcular el rango de valor económico de un negocio es una tarea laboriosa caracterizada por un alto componente técnico al que forzosamente hay que complementar con experiencia empresarial previa y sentido común. A nuestro juicio, esos deben ser los pilares de actuación de cualquier valorador.
En el polo opuesto aún sobreviven algunos empresarios reacios a utilizar análisis cuantitativos o de rentabilidad para conocer el valor de su empresa, abandonando la medición al albur de su visión subjetiva (y por tanto sesgada) del negocio con raciocinios del tipo de "¿quién va a saber mejor que yo lo que vale mi empresa?", o bien... "a mi, que llevo con esto toda la vida… no me hace falta hacer números para saber el valor de mi negocio". Obviamente la decisión compete a cada cual. En el fondo, vender una compañía, como vender cualquier cosa, es relativamente sencillo. Todo se puede vender y de hecho se vende. Cosa distinta es, cómo, y a qué precio. Por ello, a la hora de efectuar una venta, o cualquiera de las transacciones a las que nos hemos referido anteriormente, nosotros desaconsejamos claramente las evaluaciones particulares (no expertas) en donde el componente afectivo prepondera sobre el racional técnico y objetivo, ya que suele ser pasto rápido de algunas aves rapaces hambrientas de... tasaciones "espirituales".
En definitiva, que tal vez haya que poner en tela de juicio el conocido refrán español: "El ojo del amo, engorda el caballo". Pues verán... a veces. Y a veces, no.
-Venta a un tercero del total o de un porcentaje del negocio
Al enajenar una empresa, ya sea en su totalidad o de manera parcial, es obvio que el importe que se obtiene al vender –precio- responde a la ulterior negociación que se desarrolla entre comprador y vendedor; pero nuestra experiencia nos dice que en la confrontación de las respectivas posiciones, en la práctica las dos partes obedecemos muy mucho a la valoración previa. De ahí que en una desinversión de negocio cobra verdadera carta de naturaleza disponer de una horquilla de valor de empresa bien construida y argumentada (con sensibilidades y escenarios) que nos sirve de piedra angular de réplica ante cualquier argumento.
-Ampliación de capital
En la obtención de recursos propios (para hacer frente a nuevas inversiones o sencillamente para inyectar fondos que fortalezcan el patrimonio del negocio), el precio de entrada para los nuevos accionistas viene encuadrado dentro del valor que respectivamente empresario e inversores otorgan a la empresa afectada. De manera que en este tipo de transacciones, vuelve a ser crucial para las respectivas partes el hecho de contar con una valoración profesional y ajustada de las acciones o participaciones de la compañía.
-Fusión entre dos empresas
En caso de fusión entre compañías y junto con los detalles fiscales, el acuerdo de la ecuación de canje —correspondencia entre las acciones entregadas de cada empresa fusionada y las recibidas de las resultantes de la fusión— es absolutamente crítico, y responde siempre a las valoraciones que atribuimos a las empresas participantes en la fusión.
-Sucesión en empresas familiares
En los casos de transmisiones hereditarias en los que tenemos el mandato de distribuir el patrimonio de un empresario entre sus legatarios, siempre realizamos una valoración global de la compañía para lograr la igualdad económica entre las partes de la herencia y poder cuantificar adecuadamente lo percibido por cada cual.
Aparte de las razones expuestas, en ADVALOREM recibimos cada vez con mayor frecuencia encargos de valoración de negocio que no están estrictamente asociados a las razones anteriores. Y es que dentro de los nuevas prácticas de buena administración gerencial, va haciéndose habitual que un empresario cuantifique periódicamente el valor de su compañía. Básicamente por dos motivos genéricos. Uno, porque un informe de valoración completo le proporciona datos cruciales sobre su negocio, como la medición de la utilidad que le reportará en el futuro para tomar decisiones (seguir, no seguir, vender, alternativas de inversión, etc) en función de ella. Dos, porque la evolución que siga el valor de su empresa le informará del grado de acierto de la gestión de sus directivos o gerentes.
Algunos reconocidos gurús de la valoración, se atreven a afirmar (de forma ciertamente presuntuosa), que la valoración de empresas es una combinación de ciencia y arte. En ADVALOREM creemos que calcular el rango de valor económico de un negocio es una tarea laboriosa caracterizada por un alto componente técnico al que forzosamente hay que complementar con experiencia empresarial previa y sentido común. A nuestro juicio, esos deben ser los pilares de actuación de cualquier valorador.
En el polo opuesto aún sobreviven algunos empresarios reacios a utilizar análisis cuantitativos o de rentabilidad para conocer el valor de su empresa, abandonando la medición al albur de su visión subjetiva (y por tanto sesgada) del negocio con raciocinios del tipo de "¿quién va a saber mejor que yo lo que vale mi empresa?", o bien... "a mi, que llevo con esto toda la vida… no me hace falta hacer números para saber el valor de mi negocio". Obviamente la decisión compete a cada cual. En el fondo, vender una compañía, como vender cualquier cosa, es relativamente sencillo. Todo se puede vender y de hecho se vende. Cosa distinta es, cómo, y a qué precio. Por ello, a la hora de efectuar una venta, o cualquiera de las transacciones a las que nos hemos referido anteriormente, nosotros desaconsejamos claramente las evaluaciones particulares (no expertas) en donde el componente afectivo prepondera sobre el racional técnico y objetivo, ya que suele ser pasto rápido de algunas aves rapaces hambrientas de... tasaciones "espirituales".
En definitiva, que tal vez haya que poner en tela de juicio el conocido refrán español: "El ojo del amo, engorda el caballo". Pues verán... a veces. Y a veces, no.
lunes, 4 de marzo de 2013
Oda a los empresarios
Ahora que nos hemos vuelto kennedianos y que ante cualquier acontecimiento nos llenamos la boca diciendo que todos somos esto o lo otro… no estaría de más que tomáramos como costumbre otorgar a los empresarios al menos el derecho a ser considerados tan damnificados como los demás, dentro de este viacrucis por el que estamos transitando. Y de paso es tiempo ya también, de que por fin aclaremos el tan estigmatizado concepto de empresario.
El DRAE lo define en una de sus entradas como “Titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”. Poco feliz se nos antoja semejante interpretación de la Real Academia, ya que parece sugerir que el rol de empresario se asimila a dos funciones bien distintas:
- la de propietario que asume riesgos y,
- la de gerente o administrador de negocios.
Claro que posiblemente la Institución que fija y da esplendor solo acopia en la acepción el poco discernimiento con el que la mayoría aludimos al vocablo en sí. Huelga referir a ejemplos flagrantes, cuando incluso para empresas multinacionales del IBEX se confunden términos... y nos atreveríamos a decir que hasta la razonable prosapia: un gestor o manager es a nuestro modo de ver, toda aquella persona que ejerce funciones de dirección o gestión de compañías a cambio de un determinado emolumento fijo, o fijo más variable. Y esta figura de gerente o directivo, por mucho que la mayoría de los medios de comunicación (y por ende, parte de la opinión pública) le atribuyan la acepción de empresario, debería encasillarse más bien en el concepto de empleado; cierto que probablemente más cualificado e incluso diligente que la media, pero desde luego, un asalariado.
Un empresario es sin embargo, aquel que asume riesgos, que compromete su patrimonio al albur de las circunstancias, con la legítima esperanza de obtener una rentabilidad que, en buena lid, remunere ese riesgo asumido. Y esta condición del propietario-empresario, en los estrictos límites de la ley y la responsabilidad, es tan lícita por cierto como la recompensa que cualquier trabajador, inversor o especulador (grande o pequeño) espera a cambio de su desempeño o inversión.
El manoseo absurdo con el que en los últimos años en demasiados ámbitos sociales se ha utilizado la palabra empresario ha llevado a que el nombre sea a veces sinónimo de abuso jacobino o egoísmo. Se vocea empresario sin caer en la cuenta de que ese es un grupo dispar, como todos... pero lleno de personas que sufren exactamente igual que los demás por salir adelante, por vivir en paz, y hasta por llegar a fin de mes. Y lo peor es que todo ello ha acabado por entreverar un cierto complejo en buena parte del colectivo a la hora de expresar sus tribulaciones, convirtiendo en oprobioso casi cualquier lamento de su parte.
Los empresarios llevan varios años padeciendo las consecuencias de este seísmo político, económico y social que estamos viviendo, con corolarios inefables para su economía y su vida personal. Muchos, demasiados... se han quedado en el camino y han perdido todo o casi todo; que su discurso no sea tan ampuloso como el de otros colectivos, sin duda no debería sugerir una realidad menos doliente.
El DRAE lo define en una de sus entradas como “Titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”. Poco feliz se nos antoja semejante interpretación de la Real Academia, ya que parece sugerir que el rol de empresario se asimila a dos funciones bien distintas:
- la de propietario que asume riesgos y,
- la de gerente o administrador de negocios.
Claro que posiblemente la Institución que fija y da esplendor solo acopia en la acepción el poco discernimiento con el que la mayoría aludimos al vocablo en sí. Huelga referir a ejemplos flagrantes, cuando incluso para empresas multinacionales del IBEX se confunden términos... y nos atreveríamos a decir que hasta la razonable prosapia: un gestor o manager es a nuestro modo de ver, toda aquella persona que ejerce funciones de dirección o gestión de compañías a cambio de un determinado emolumento fijo, o fijo más variable. Y esta figura de gerente o directivo, por mucho que la mayoría de los medios de comunicación (y por ende, parte de la opinión pública) le atribuyan la acepción de empresario, debería encasillarse más bien en el concepto de empleado; cierto que probablemente más cualificado e incluso diligente que la media, pero desde luego, un asalariado.
Un empresario es sin embargo, aquel que asume riesgos, que compromete su patrimonio al albur de las circunstancias, con la legítima esperanza de obtener una rentabilidad que, en buena lid, remunere ese riesgo asumido. Y esta condición del propietario-empresario, en los estrictos límites de la ley y la responsabilidad, es tan lícita por cierto como la recompensa que cualquier trabajador, inversor o especulador (grande o pequeño) espera a cambio de su desempeño o inversión.
El manoseo absurdo con el que en los últimos años en demasiados ámbitos sociales se ha utilizado la palabra empresario ha llevado a que el nombre sea a veces sinónimo de abuso jacobino o egoísmo. Se vocea empresario sin caer en la cuenta de que ese es un grupo dispar, como todos... pero lleno de personas que sufren exactamente igual que los demás por salir adelante, por vivir en paz, y hasta por llegar a fin de mes. Y lo peor es que todo ello ha acabado por entreverar un cierto complejo en buena parte del colectivo a la hora de expresar sus tribulaciones, convirtiendo en oprobioso casi cualquier lamento de su parte.
Los empresarios llevan varios años padeciendo las consecuencias de este seísmo político, económico y social que estamos viviendo, con corolarios inefables para su economía y su vida personal. Muchos, demasiados... se han quedado en el camino y han perdido todo o casi todo; que su discurso no sea tan ampuloso como el de otros colectivos, sin duda no debería sugerir una realidad menos doliente.
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